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Ratzinger Z- Por los Siglos de los Siglos
 
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José se apoya en la barandilla suspirando. Flor se tiende sobre él buscando seguridad.

-Tranquila, ya los hemos despistado, le dice, le alimenta con palabras, la consuela acariciándola el pelo.

José mira a su alrededor. Pocos usuarios hay en el vagón.

Un punky enganchado a un walkman desechando de adentro para afuera, una anciana con un gatito pequeñito reposando en sus manos, y un ejecutivo con un maletín que lo agarra confinado.

Al fondo tirado escabroso sobre la puerta de emergencia del vagón, un seboso hombre de camiseta blanca de tirantes marcando celulitis les mira. Macarrón desviado de ser sardina en tomate.

Tras unos segundos de déspota y vacilante mirada, escupe desafiante al suelo, y se da media vuelta, reclinando el hombro sobre la pared.

Animal demental marcando territorio...

A Flor le sujeta José sus dos manos e intenta razonar lo sucedido en la habitación del hotel.

De nuevo, desde lejano, desde lo mas antiguo de su vida, la reminiscencia de detalles que

hubo que negar.

Vlasenica, croacia, años 1941, el polvo pesa menos que el aire, se empolvora por el rostro.

Las piernas cruzan aceleradas las calles. No hay manera de acallar ese miedo que grita, desencajando la exculpación, que lloros por decir "yo no... a mi no...", los por favor como una permuta de ser un visado están privados, Vetados por autoritaria contundencia seca, sesgan palabras que aun no fueron ni iniciadas en pensamientos, o debieron permanecer en espera de repetir memez, abortan, por impedimento beatífico.

Tropas de asalto atrincheran los intentos de gente que huye a la desesperada, diezmada su confianza otros se cobijan en su hogar, de poco vale tal amparo. Lugareños por impulsos salvaguardan socorrerse en la iglesia, desamparados desconocen a cobijarse el árido destino que les depara.

Desbendecida la iglesia es lapiada, y enviada al infierno mas terrenal. La quema es sobrecogedora, los gritos, los signos, los paganos que buscaban guarida comparten con ortodoxos la fechoría de los soldados.

¿Soldados? Ejercito conducido por franciscanos, por la iglesia, por el vaticano, por el gran Dios... ¡Heil Dios!

 
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