Se agacha sobre uno de los derrotados contrincantes,
desgarrándole la camisa ve tatuado sobre el corazón
una cruz negra.-Los de siempre, sacerdotes
negros, comenta José.
-Este no -dice pequeña flor-, quitándose del
medio hace descubrir ante los ojos de José, el
merchandising del caído, una cruz roja tatuada sobre
el corazón.
José receloso titubea. Inmenso en duelo mental,
se aproxima hacia el gran ventanal de la habitación.
Su enésimo sentido le hace cerrar el ojo por un
reflejo que rebota del edificio contrario. ¡No hay
tiempo!
Como un resorte da un salto mortal hacia atrás,
en el instante en que una bala atraviesa el ventanal
atentando contra él, bailando el sitio donde estaba
hace 1 segundo José, incrustándose en la pared. José
hace un nuevo esfuerzo, barriendo sobre Flor se
arroja tirándola al suelo, cuando un segundo disparo
señalaba el camino de la muerte de ella.
José agarra del brazo a Flor y salen a
trompicones de la habitación al pasillo..
-¡Vamos, corre¡
Flor no dice nada, solo obedece las indicaciones
de José y escapan a trote bajando por las escaleras,
hasta llegar a la salida del hotel a la calle.
-Cuidado, pueden estar esperando el francotirador
nuestra salida...
José sale el primero, intenta refugiar a Flor
detrás suya, mira hacia arriba, hacia el otro
edificio, buscando al probable enemigo. Hay una
cubierta tranquilidad traicionera, parece ser el
actuar cesación que no está. ¡Mentira! Observan
salir presurosos del edificio de enfrente a varios
matones trajeados. Huyen intentando enlatarse entre
la gente que envasan la calle. La estridencia de
sirenas de coches patrullas se idéntica en su
escabullida
Se paran dos vehículos policiales a su altura.
Emergen de su interior sus ocupantes dándoles el
alto. Sin mirar atrás José y Flor se emergen en una
boca de metro. Notan a sus perseguidores detrás,
saltan las taquillas de peaje y a la carrera bajan
por la escalera, sorteando a los andantes por los
pasillos hasta el anden. Están sobre ellos sus
perseguidores rifando topetazos entre los viandantes
en su marcha. En progresión, pocos metros detrás se
les acercan cada vez mas. Llegan al anden y se
lanzan sobre el convoy que reposaba cargando
pasajeros, in extremis antes de que cierre las
puertas.
Sus perseguidores llegan ya demasiado tarde,
cuando las puertas están cerradas. Furiosamente
golpean sobre el vagón, amenazando saca uno de ellos
una pistola sin espacio de exactitud a encañonarle,
perdiendo campo de visión dejan atrás el peligro...
Inminente.. escurriéndose como sardinas en aceite