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Ratzinger Z- Por los Siglos de los Siglos
 
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El hombre reaccionaba sistemático a un modo flemático, su nerviosismo le entrababa su hablar y carecía del poder de explanarse tras lo oído.

-¿ Cómo..? No entiendo... Yo...

-Ni falta que hace -remataba, o premataba con su vocablo otro de los asistentes a la breve reunión según se columbraba.

Tras la puerta José guarecido oye el tañido del gatillo de un arma de fuego presionado, y actúa antes de que sea demasiado tarde. De un puntapié pasaporta la puerta destrozándola. Lanzándose en avalancha contra quien había tras ella. El hombre que había encañonado a la incipiente víctima cae rodando al suelo sepultado.

Atónitos quedan todos tras observar la inopinada escena, y sin incuria son hombres de acción encallecidos a lo impredecible, y reaccionan inmutables en resulta.

Prenden maniobra tratando apresarle. Salta uno de los corpulentos hombres sobre José. Este le desvía con un toque y le sacude sobre el costado, extrayéndole el aire. Su cara porta queja de aflicción, reventando al caer.

Los otros dos malvados arremeten a la vez. El efecto sorpresa ha cesado, el efecto de aventajarle en número les hace fuerte, pero estos hombres, pobres desgraciados no saben quien es su contrincante...

Es José, José de Nazareth, el padre del elegido. El pastorcillo valiente que escuchó una voz, que fue manejado a falsía. Ha hartado por mil infiernos, ha habitado miles de años, ha progresado medrando su fuerza, ha experimentado lo sabido y escarmentado lo desconocido.

Un experto en artes marciales, un maestro en la lucha cuerpo a cuerpo. Todo el arte de la ciencia de las técnicas de combate utilizadas desde los tiempos mas ascentros reposan en su ser. Aun más, el poder de ser un semidiós mal hundido, mal llamado, un espíritu superior en discordia, un quejado llanto poder le hace prácticamente inmunerable. No es inmortal, sólo es un morador del tiempo eterno.

¿Cuál ha sido el cometido a lo largo de la vida?

Buscarla... sin descanso.

¿Cuál ha sido su vomitivo a lo largo de la vida?

Buscarle... su respiro. Vindicar el odio sin reparo, hasta que cese sin aliento callado.

Todas esas muertes vanas. Ninguna tiene justificación, ninguna sirvió para nada.

Sus manos también están manchadas, mestizas entre el color de su piel y la sangre derramada del horror de batallas. Ya acostumbrado, no horroriza el matar, sus ojos no destilan , no parece.

No lo acepta, pero él no creó este mundo. No quiere ser el Dios que marque las pautas, que evangelice una doctrina. Todo fue un error, un fracaso de razas ya por réquiem anunciada desde el germen divino.

De sendos golpes preciso José acaba con sus dos contrincantes, dejándoles inconscientes.

-He visto a un cura huir corriendo por el pasillo cuando llegaba -le dice flor que desde el corte de línea de habitaciones había contemplado la última parte de la lucha.

-¿Te sorprende? De todas maneras, sabemos su nombre, quizás le necesitemos.

 
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