Primera vista de entrada, notando el cuarto
sobradamente maqueado para haber pasado alguien allí
la noche. Excesivamente temprano para que lo hallan
limpiado. José llevaba dos días instalado en el
hotel y verificaba que el servicio de habitaciones
pasaba mucho más tarde que la hora que actualmente
era.Segundo detalle, los cajones vacíos y el
minibar rebosante de bebidas repleto.
Cree haber sido alquilada para una reunión, que
puede haber ya finalizado, ¿pudiera ser entre ella y
el príncipe Masín? No lo manifestaba como cierto, ya
que el botones le había deducido que al venir ambos
juntos esta mañana y no por separados no tendría
mucho sentido dar valor a este juicio. Echa la vista
en los cajones del aparador obre macizo, mordido en
un esquinazo por un patente mordisco canino.
¡Igualmente vacíos! Revolotea entre las sabanas y
demás ajuar del hotel, en el armario empotrado sobre
la pared. Cierra pausadamente, cuando uno de sus
instintos le para. Escucha pasos en el pasillo
acercándose. Entra ligero en un cuarto interior,
escondiendo su presencia de quien se aproxima. El
ronquido del pasador le acierta su despierta alarma
que tuvo. Cuatro fornidos hombres se meten en la
habitación. Bruscos transgrediendo el sigilo que
serenaba la única presencia de José, tal cual fuera
un enser más de la estancia en el lugar.
-No sé porqué debemos hacerlo aquí, hablaba
fuerte uno de los sujeto recién llegado. Apalancaba
su cuerpo tosco, apoyándose sobre la pared.
-Porqué así lo decidió él, No confiaba en otro
sitio en venir, y porqué así lo quiere el príncipe.
-Le contestaba otro, sentado sobre la cama
replicando molesto que su compañero le preguntara
cosas ya confirmadas de antemano. Su temple no
distanciaba en cuerpo y rostro a aquel que había
preguntado. En serio, los cuatro individuos eran
parientes próximos en contextura. Su anatomía física
semejante les valía premio a ser hombres duros. José
tras la puerta no deducía la complexión de ellos, ni
le merecía interés. Apreciaba su hablar burdo y por
lo poco que había podido escuchar se orientaba a que
la cita que presumía no había dado aun lugar. La
espera en el cuarto podría ser larga descontaba a
las dudas pertinentes.
-Ya, yo sólo quería decir...
-Se paga por el trabajo, no por discurrir.
Preciso detalla enérgico otro de los hombres.
Acercándose a un bol de frutas toma una manzana,
mordisqueándola seguido.
Llaman a la puerta. El mismo que mordisqueaba la
pieza de fruta abre la puerta, apareciendo un hombre
mermado, menudo comparado con la constitución que
rasgaban los cuatro instalados que prevalecían en la
habitación.
José escuchaba lo que decían, y confiaba en que
no entrara ninguno en el cuarto donde se cobijaba
-Soy el padre Gaudi -se presentó el recién
llegado. Vestido como tal, calco la imagen a la idea
de quien podría ser. Más ellos sabían perfectamente
quien era, causaba ese dato el motivo de estar allí
aguardándole.
-Desde arriba, desde la cabeza que le separaba en
talla el sujeto que abrió la puerta le hace pasar,
ofreciendo con la palma de su mano entrar, mientras
muerde otra vez la fruta de la pasión. Amor a primer
mordisco parecía.
El menudo personaje, parece nervioso. Encorva su
estrecha espalda, y su largo cuello. Sus ojos
hambrientos de luz se esconden en su pequeñez,
agotados de horas de fatiga de múltiples lecturas.
-¿Dónde está...? -Rogaba en palabras, conocer el
paradero del interesado innombrado.
-Nos ha manifestado que le disculpe su ausencia,
no ha podido acudir. De hecho nos ha mandado a
nosotros para cerrar el trato.
-¿Trato? No había ningúno. Yo sólo...
Uno de los gorilas le corta su explicación.
Bueno, era un juego de palabras. Trato, tema,
pico. ¿Que más da? Ya sé que es un chiste malo, pero
tampoco soy un tipo gracioso, ni lo intento.
Entendámonos mejor, Masín pasa de ti y nosotros te
vamos a liquidar, ¿entiendes?